Desde el
altiplano hasta las cálidas tierras de la selva, la magia
de las fiestas costumbristas alborotan las Ciudades y pueblos
de Bolivia, generando un auténtico torbellino de jolgorio,
en el que la música, el baile y los rituales andinos, se
entrometen en las procesiones, los rezos y las humaredas de sahumerio.
No hay rincón
de Bolivia que no sea "remecido" por los fervorosos
estragos del carnaval o de una fiesta patronal. En los días
de celebración, se puede sentir el calor de la gente y
apreciar las impresionantes coreografías y vestuarios de
las danzas típicas y el ímpetu de las notas musicales.
De todas las
festividades, el carnaval es, sin duda, la de mayor importancia
dentro del calendario turístico. La celebración
parece ser interminable, la gente invade las calles para observar
el paso de numerosos conjuntos folclóricos, que ofrecen
un deslumbrante espectáculo de música y variados
movimientos.
Entre las
danzas más imponentes y vistosas se encuentra la famosa
Diablada, donde grupos de "diablos" (hombres y mujeres
que llevan máscaras espantosamente vistosas) realizan brincos
y piruetas en una lucha simulada entre el bien y el mal.
En Oruro -la
capital folclórica de Bolivia- los "diablos"
le rinden culto a la Virgen del Socavón, que según
la leyenda venció a los ejércitos de sapos, víboras,
hormigas y cóndores, que fueran enviados por el maligno
Huari (fuerza maligna) para destruir la Ciudad.
Visitar Bolivia es estrechar un vínculo con la historia y la tradición. Es saber apreciar la herencia ancestral
de los tiahuanacos e incas que más allá de construir
monumentos arqueológicos, dejaron valiosas e invalorables
riquezas culturales.