La preparación
de este viaje tomo pocos días, en comparación con
otros, antes de partir hacia Uyuni, donde finalmente me encuentro.
Para una viajera que trata siempre de encontrar escenarios diferentes
toma un tiempo elegir el siguiente destino pero, basto ver algunas
fotos del Lago Salado para que el sueño se vaya y la búsqueda
de información se vuelva una tarea imparable. Llegar al
Salar de Uyuni se había convertido en una necesidad y ahora
estoy a pocos kilómetros de aquel lugar encantado.
Es invierno y la ropa que traigo será insuficiente para
protegerme de las bajas temperaturas, que alcanzan los -20º
C en las noches, por lo que doy una vuelta por el mercado local
para comprar algunas prendas de Alpaca (su lana es bastante abrigadora)
y algunas provisiones para el camino.
El pueblo esta saturado de vendedores de tours, basta darse una
vuelta por la plaza principal para que decenas de guías
se le acerquen y le ofrezcan tours hacia el salar, pero he hecho
amistad con unos norteamericanos que alquilaron dos jeeps y me
invitaron a unirme a su grupo. Sin embargo para los viajeros solitarios
nunca es un problema encontrar espacio en los tours regulares.
Nosotros partiremos mañana temprano ya que las coordinaciones
con los conductores se han demorado por lo que decidimos buscar
un hotel cercano a la plaza. Durante la noche Uyuni luce tranquila,
aunque hay gente caminando por sus calles, seguramente irán
a dormir temprano como todo pueblo pequeño. Buscamos algunos
restaurantes de comida típica pero solo tenemos suerte
con algunas pizzerías y restaurantes de pollo “broster”
(pollo empanizado y frito), comida que puede decirse es la favorita
de los lugareños por la cantidad de gente que llena los
locales.
Volvemos al hotel y casi nadie puede dormir bien, el grupo esta
bastante emocionado y no para de contar los minutos para emprender
el viaje. Trato de no crear imágenes o ideas previas sobre
el lugar, quiero que sea el lago mismo el que me sorprenda con
su belleza.
Finalmente es de mañana, todos estamos más que listos,
compramos unos cafés y panes para el camino y momentos
después ya estamos en la ruta. El Lago Salado esta ubicado
en la parte suroeste de Bolivia, a una altura de 3,650 msnm y
cubre una extensión de unos 12 mil km2 aproximadamente.
Según algunas estimaciones se cree que posee una reserva
de 10 billones de toneladas de sal fina, la cual es extraída
cada año usando mayormente métodos tradicionales.
La línea del horizonte que divide el cielo y la tierra
parece borrarse a medida que avanzamos. El sol crea una imagen
borrosa sobre el reflejo del mar de sal y ni tierra, ni cielo
parece tener principio ni final en este lugar. Los autos pisan
al fin el suelo petrificado del Lago y la brillantez del exterior
nos llena de luz. Hemos tomado el camino al cielo, pienso por
un momento.
El primer lugar poblado que encontramos es el Hotel Playa Blanca,
un lugar simplemente extraordinario, no sólo por la increíble
vista que tiene del área sino porque, dejando de lado el
techo, esta totalmente construido con bloques de sal. Paredes,
sillas, mesas, incluso camas han sido talladas y colocadas en
el interior creando un lugar de fantasía, un lugar totalmente
diferente a cualquiera que haya podido ver.
Los tours comunes generalmente solo hacen una parada en el hotel
y luego continúan el recorrido, lamentablemente tendremos
que hacer lo mismo, aunque secretamente me prometo volver y pasar
algunas noches rodeada de la salada soledad del lugar.