Los
brazos abiertos de un apacible Cristo de la Concordia coronan
la cúspide del cerro San Pedro. Paternal y caritativa,
la imagen bendice y vigila, mientras observa a sus pies
la magnificencia de un valle disfrazado de Ciudad. Vista
panorámica, confusión de luces, encantos coloniales
cubiertos por el manto oscuro de la noche. Belleza adormitada
en las alturas andinas.
Considerada
como la capital de los valles de Bolivia, Cochabamba se
encuentra en una tierra fértil y productiva a 2,500
m.s.n.m. La Ciudad, rodeada por campos de cultivos y valiosos
vestigios preincaicos, conserva su semblante colonial y
las costumbres que heredó de sus antepasados quechuas
y aymaras.
Antes
de la llegada de los conquistadores españoles, el
valle de Cochabamba (de los términos quechuas, cocha:
laguna y pampa: llanura), fue habitado por culturas primitivas
que, posteriormente, cayeron bajo el dominio de los Collas.
Luego, los hijos del Sol extendieron su dorado imperio hasta
estas riquísimas tierras, que formaron parte de la
región del Collasuyo.
Cuenta
la historia, que la Ciudad de Cochabamba
-capital del departamento del mismo nombre- fue fundada
dos veces. La primera fundación ocurrió el
15 de agosto de 1571 y estuvo a cargo del capitán
Gerónimo de Osorio. Casi tres años después,
el 1ro de enero de 1574, Sebastián Barba de Padilla,
"refundó" la tierra de los valles, por
mandato expreso del virrey Francisco de Toledo, quien era
llamado el "gran organizador del Perú".
Al ceder
las sombras de la noche, Cochabamba despeja
sus misterios. La capital de los valles de Bolivia queda
al descubierto. Tiempo de abandonar el cerro San Pedro.
Tiempo de andar por sus calles, de recorrer la Plaza 14
de setiembre o el Palacio Portales, impresionante edificio
construido por Simón Patiño, el "barón
del estaño". Ese es sólo el inicio. La
Ciudad y el valle tienen mucho que mostrar.