Un lago de
riberas altiplánicas de rala vegetación y excesiva
altura, una cordillera de montañas congeladas, un quieto
y sosegado mar de sal que llaman Uyuni, un laberinto de marañas
de verdor, un ramillete de valles pintorescos. Panoramas
contradictorios en un país de acrisolados matices, que
a veces es páramo o campo fértil o selva bulliciosa
atiborrada de vida.
La República
de Bolivia -- que recibe este nombre en honor al libertador Simón
Bolívar-- es un bastión de la diversidad cultural
en el centro de América del Sur. En su territorio de 1098.581
kilómetros cuadrados, habitan alrededor de 8 millones de
personas, de las cuales, el 56 por ciento forma parte de alguno
de los 32 grupos étnicos andinos que mantienen vivas sus
atávicas costumbres.
En el territorio
boliviano, la cordillera de los Andes se divide en dos cadenas
de montañas: la Occidental Volcánica y la Oriental
o Real. Ambas determinan la disímil geografía del
país, que se caracteriza por la presencia de altiplanicies
de gran altitud y severas condiciones climáticas, valles
templados y productivos y una vasta zona de selva, sofocante paraíso
para una gran cantidad de especies de flora y fauna.
Las principales
Ciudades de este país andino, se encuentran acurrucadas
en las faldas de las grandes montañas o en medio de los
calurosos valles. Sucre, la capital constitucional, es un reducto
para los estudiantes universitarios; La Paz, la sede del gobierno,
aún conserva un toque de su antiguo cariz; Santa Cruz de
la Sierra está teñida de modernidad; mientras que
Oruro se entrega al frenesí durante el carnaval y Potosí,
sigue añorando las toneladas de plata de su cerro
rico.
En Bolivia
aún se sienten las voces del pasado. Quizás provengan
del lago Titicaca y su aura mítica y legendaria o de los
restos precolombinos de Tiahuanaco con sus ídolos tallados
en piedra. Tal vez surjan en los eternos susurros de fe de los
templo coloniales o en los decires de la gente que se aferra,
conserva y atesora la herencia cultural de un país andino,
que a veces es páramo o campo fértil o selva bulliciosa
atiborrada de vida.